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Prueba con «EMDR», «trastorno bipolar», «posparto», «ansiedad» o «terapia online».

Cuando la autoexigencia pesa

Ilustración en tinta de una mujer de pelo rizado con cuatro brazos que sostiene a la vez un portátil, el móvil, carpetas, una casa, un maletín, una mochila infantil y un calendario. A su lado, una silla vacía

Son las nueve y media de la mañana y Juan ya ha contestado una docena de correos, ha llamado desde el coche para recordar a su pareja lo del dentista, ha entrado en la reunión de las diez con buena cara y ha sacado adelante un asunto que llevaba semanas embarrado.

A media mañana vuelve el nudo en el estómago. Lleva así desde primavera, más o menos.

“Ya me revisaré cuando pase esta etapa.”

Desde fuera nadie diría que le sucede nada. Al contrario: Juan es esa persona que todos envidian porque llega a todo, siempre sonríe, es ingenioso, rápido, eficaz, prácticamente perfecto.

Veo muchos Juanes en consulta… Personas con mucha responsabilidad, que dirigen equipos, empresas y/o familias, y que llevan tanto tiempo sosteniéndolo todo que ya no se dan cuenta de cómo están. Cuando llegan a consulta, no suelen saber cómo se sienten, tampoco sienten el derecho a decir que están mal. Dicen que están cansadas, y se apoyan en múltiples excusas como “que es una mala racha”, “que tampoco es para tanto”, “que todo es cuestión de organizarse mejor”.

El problema es que la mala racha encadena ya dos años. O quizá más. Porque la exigencia a veces lleva más tiempo, pero antes no pasaba factura, y quizá ahora sí.

A menudo es el cuerpo el que acaba dando la voz de alarma, es lo que llamamos síntomas psicosomáticos, síntomas físicos con origen en el malestar emocional de la persona. Hablamos de cuando la ansiedad, la tristeza o la ira aparecen en forma de contracturas que no se van, de esa mandíbula apretada por las noches, o en forma de molestias digestivas que empeoran justo en las semanas de más presión. Son síntomas físicos reales, y en muchos de ellos el estrés y lo que no se expresa tienen bastante que ver.

Cuidado, que la psicosomática no hace referencia a invenciones, o a que “todo sea psicológico”. El síntoma es real, el dolor de cabeza, la alopecia areata, las arritmias o el colon irritable existen, y lo primero siempre es visitar al médico, pero también es necesario chequear el estado emocional de la persona. Cuando el paciente me da permiso, trabajo en coordinación con su médico, como hago por ejemplo con las personas que acompaño en enfermedades digestivas.

Y luego está la casa, que suele ser lo último en lo que pensamos.

Cuando casi toda la energía se queda fuera, a casa llega lo que sobra: cansancio, prisa, el móvil encima de la mesa y una irritabilidad que no se tiene con nadie más. Las conversaciones de pareja se van centrando en la planificación del día a día: quién recoge a los niños, si se ha pagado el seguro, a qué hora es la cena del sábado…

Y la otra persona empieza a sentirse sola, aunque viva acompañada.

No es raro que una pareja atraviese crisis durante estas etapas frenéticas de trabajo y logística del hogar, pero a veces es el momento de ayudarnos a parar y tomar perspectiva juntos, como equipo.

Tampoco ayuda mucho que le digan a alguien así “tienes que desconectar”. Si fuese tan fácil, ya lo habría hecho, verdad? A quien está acostumbrado a resolverlo todo le cuesta muchísimo aceptar que esto no lo puede resolver solo. Pedir ayuda se vive como un fracaso, o como un lujo para el que no hay hueco en la agenda. Y a veces pesa el nombre, el cargo, el qué pensarán de mí.

“Si no lo hago yo, no sale.”

En consulta no vamos a buscar que rindas más o que te organices mejor. Primero hay que entender para qué ha servido tanta exigencia en tu historia de vida, y cuánto está costando seguir sosteniéndola. Entender para poder cambiar, que es algo clave para dejar de repetir patrones. Lo demás viene después, identificando distorsiones, cambiando perspectivas, duelando etapas, aprendiendo nuevas dinámicas… Y si la agenda no permite acudir a Pozuelo, podremos trabajar online.

Hoy, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental, y me parecía un buen día para hablar de la exigencia, del perfeccionismo, del miedo a defraudar, del miedo a cambiar. No tienes que llegar a todo, solo a ti.

Te has sentido reflejado o reflejada en estas líneas? Cuéntame tu experiencia.

Muchas gracias por leerme. Pasa un gran día.