Psicóloga colegiada.
Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid.
Máster en Psicología Clínica y Psicoterapia
Miembro de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia (SEMPyP).
Máster en Psicología clínica y Psicoterapia por la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia (SEMPyP)
En este artículo paraEl País, Mamás y Papás reflexionaba sobre las causas de la procrastinación en la crianza, y bueno creo que ya he postergado mucho esto de compartir el artículo por aquí.
En realidad en este artículo para El País, hablo sobre madres que llegan tarde, que dejan las migas por barrer, que olvidan la cartulina marrón o dejan la coleta descentrada. Madres imperfectas que se exigen no serlo nunca más. Y vuelta a empezar. Un recorrido por el camino de la perfección, con la falsa sensación de estar más cerca del control ante el caos que supone la infancia.
Procrastinas, lo dejas para mañana aunque digan que es mejor para hoy. Estás en el día de la marmota y la pereza te hace procrastinar, son demasiadas cosas que atender y pensaste que tú serías capaz de controlarlo casi todo o todo. «Para qué hacerlo hoy, si mañana será otro día igual».
El País , Mamás y Papás
Tienes el artículo completo pinchando en la imagen. Espero que te ayude mis reflexiones en este artículo que escribí para El País, Mamás y Papás, como profesional y también como madre.
Verás, en un hermoso jardín, una flor brillante y colorida creció en el centro. Su fragancia atraía a mariposas, pero había una que siempre se posaba en sus pétalos: una mariposa dorada que la visitaba cada día.
Un día, la flor notó que su amiga mariposa no llegó. Pasaron los días y la tristeza la invadió. El viento soplaba y sus pétalos se marchitaban, pues la ausencia de la mariposa la hacía sentir sola.
Una mañana, una anciana mariposa se posó junto a ella. La flor le preguntó con pesar: “¿Dónde está mi amiga? La echo tanto de menos.
La anciana mariposa sonrió con ternura y le respondió: “Tu amiga siempre estará contigo, aunque no la veas. La muerte no es el final, sino una transformación. Ella ahora vuela libre en otros jardines, y su esencia vive en cada rayo de sol que toca tus pétalos.”
Si me preguntasen a mí?
Diría que aún puedo escuchar sus frases típicas, con las que yo quedé marcada. Las escucho a veces en mi cabeza, como si en conversaciones cotidianas ellos contestasen, desde mi interior, porque todos ellos habitan en mí, dentro de mi ojos.
Acercar su olor me cuesta más, lo consigo efímeramente, no logro sostenerlo por mucho, y eso me entristece.
Pasan los 1 de noviembre, pero ellos siguen estando. Sentirles y pensarles es un calor agradable. Tal como hacemos hoy “día de todos los santos” consuela recordar a los santos de nuestra vida.
La flor comprendió que el amor que compartían no se desvanecía con la ausencia. Desde ese día, aunque extrañaba a su amiga, también celebraba su recuerdo, dejando que la luz y la vida la llenaran de nuevo.
Por qué hablo de esto?
Hoy 1 de noviembre, recordamos y honramos a quienes hemos perdido, y lo hacemos así porque nos ayuda a conectar con el recuerdo y seguir caminando.
El duelo es un proceso natural que transitamos cuando perdemos a alguien importante. La muerte trae consigo una mezcla de emociones: tristeza, confusión, e incluso culpa. Aunque cada persona vive el duelo de manera distinta, es importante entender que estos sentimientos son normales. En la psicología, sabemos que el duelo no tiene una «fecha de caducidad»; el paso del tiempo permite, poco a poco, aprender a vivir con la ausencia y a recordar sin tanto dolor.
A lo largo del duelo, el tiempo se convierte en un aliado. En un principio, los recuerdos pueden ser dolorosos, pero con el tiempo, las personas solemos encontrar formas de recordar de manera positiva a quienes ya no están. Este proceso de aceptación no significa olvidar, sino aprender a integrar la pérdida en la vida de una manera que permita seguir adelante.
El acompañamiento emocional ayuda a comprender que el duelo es un viaje personal y necesario, donde el tiempo ayuda a sanar, aunque no borre completamente el dolor.
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En el calendario, el primer domingo de mayo marca una ocasión especial: el Día de la Madre. Es un día donde reconocemos y celebramos el inmenso amor, sacrificio y dedicación que nuestras madres entregan a lo largo de sus vidas. Sin embargo, para muchos, este día no es un motivo de celebración, sino una oportunidad para reflexionar sobre la complejidad de las relaciones maternas o bien para homenajear a quienes ya no están.
El Día de la Madre es un día de gratitud para quienes nos dieron la vida o bien para quienes ejercieron un papel de madres, nos cuidaron y nos guiaron en nuestros momentos vitales. Agradecer es de esos sentimientos que nos alargan la vida, pues contrarrestan el enfado, la melancolía o la envidia.
Sin embargo, quería sensibilizar y empatizar con otras realidades que acompaño en mis terapias, y es que éste día también trae consigo sentimientos complicados. Para aquellos que adolecen porque han perdido a sus madres o para quienes tienen relaciones difíciles con ellas, el Día de la Madre puede evocar tristeza, nostalgia o incluso un gran dolor. Es importante recordar que cada experiencia materno-infantil es única, y lamentablemente no todas están marcadas por el amor incondicional y el apoyo constante.
Recuerdo un caso entre muchos, suelen repetir algo como lo siguiente: «me siento horrible por contarte cosas sobre mi madre, por contarte lo que me hacía sentir y continúo sintiendo, porque quizás te puede parecer imposible viniendo de una madre»
Como psicóloga, con frecuencia trabajo dando apoyo psicológico a aquellos que encuentran este día desafiante, pues llevan dentro historias maternas traumáticas que no siempre son honorables. También trabajamos para quienes han perdido a sus madres, es fundamental permitirles sentir y atravesar el dolor de la pérdida. En lugar de ignorar o invalidar estos sentimientos, es vital buscar formas saludables de recordar a sus seres queridos, ya sea a través de rituales personales o compartiendo recuerdos con otros familiares.
El Día de la Madre, para quienes conviven con relaciones familiares difíciles, puede ser una oportunidad para reflexionar sobre estas dinámicas y buscar formas de sanar y establecer límites saludables. Esto puede implicar establecer comunicaciones claras, buscar apoyo terapéutico o simplemente tomar un tiempo para cuidarse y practicar el autocuidado.
En última instancia, el Día de la Madre nos recuerda la importancia de celebrar y honrar la diversidad de experiencias maternas. Ya sea que estemos celebrando el amor inquebrantable de una madre, recordando a aquellas que ya no están con nosotros o navegando relaciones complicadas o superando historias traumáticas, este día nos invita a reflexionar sobre el impacto profundo que las madres tienen en nuestras vidas y en nuestra propia identidad.
En el fascinante viaje de la crianza, la elección de un compañero/a de vida y padre/madre para tus hijos es una decisión trascendental. En mi último artículo para Guía Infantil, analicé las cualidades esenciales que definen a un buen padre/madre, guiándote hacia una elección consciente que forjará la base sólida para el bienestar y la felicidad de tu familia.
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Colaboración de Almudena Lebrero para Guía Infantil
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Las vacaciones con niños ya no son lo que eran… Así son las vacaciones en familia?
Estabas ahí mirando el móvil, eligiendo ese destino que te encanta, y pronto recuerdas que eres madre/padre y te preguntas si tu peque va a disfrutar en ese lugar o si el viaje es demasiado largo, si va a ser capaz de adaptarse al cambio, si se pondrá malito/a por el aire acondicionado del transporte, si te va a merecer la pena todo el esfuerzo que tienes que hacer, y mil etcéteras y más.
Frustración y resoplas…
Las vacaciones ya no son lo que eran… cuántas veces has pensado en esa frase? Y es que las vacaciones en familia son otra cosa muy distinta a lo que hacíamos antes de ser padres. Pensar que mis hijos se adaptarán a mis vacaciones tradicionales, es negar que ahora somos un sistema familiar, las necesidades del grupo ya son otras, debemos tenerles en cuenta. Reconocerlo, vivirlo y aceptarlo hará que el período estival sea un precioso recuerdo.
Una vez que lo aceptas eres capaz de sentir la felicidad de imaginar a tu pequeño/a contento en el agua, poniéndote perdido con su helado favorito, aplaudiendo de alegría al ver el típico carrusel playero… Un vaivén de imágenes y dudas.
Cómo afrontar las vacaciones familiares? Los demás lo viven mejor que yo?
Aceptar que las vacaciones han cambiado es necesario para que no vivamos con desazón las dificultades y cambios que estamos experimentando. Aceptarlo nos abrirá el camino al disfrute de lo que pueden ofrecernos nuestros hijos. Quedarnos anclados en el pasado, nos hará estar desconectados en los momentos buenos. Poner el foco en lo que estamos viviendo, reconocerlo y sentirlo. Flexibilizando nuestras costumbres y dejando llegar lo nuevo a nuestras vidas, sin tantas resistencias, observando las necesidades y dando respuesta.
vacaciones familiares, recomendaciones de una psicóloga
Qué podemos hacer para que las vacaciones de verano en familia sean más sencillas?
+Prepara el viaje, va ser una gran diferencia para todos: una bolsita de juguetes, unas pinturas, pegatinas, juegos de retos cognitivos, una película, una playlist de canciones de sus dibujos favoritos.
+Involúcrales en el viaje. Haz que se ilusionen preparando la lista de cosas que tenemos que llevar, eligiendo sus juguetes favoritos u organizando su maleta, revisando el destino en google maps o leyendo con ellos aspectos del lugar al que vamos.
+Rellena los tiempos con parte de esos juegos, por ejemplo en los restaurantes, les permitirá entretenerse entre plato y plato para evitar en lo posible las pantallas.
+Valora las rutinas, puesto que ayudan al equilibrio mental en según qué edades. Los más pequeñitos las necesitan más, pero a partir de los 4 años muchos son capaces de cambiar puntualmente sus rutinas. Aquí entra en juego la flexibilidad familiar, aprender a flexibilizar es un valor para muchos momentos de la vida y es una apertura al disfrute.
+Evita comparar en exceso lo que eran antes las vacaciones y ya no son, porque eso nos acerca a un estado interno de negatividad y malestar. Nos hará sentir mejor aceptar que la vida cambia para todos, que la infancia es breve y también tiene momentos muy especiales.
+Poner el foco en hacer sencillos los días. En crianza lo fácil es lo que funciona. Elige planes tranquilos y cómodos donde poder conectar con la familia en lugar de preocuparte por un plan complejo.
+Mantén un clima hogareño, no olvides llevarte uno de sus peluches más queridos porque les ayudará a conectar con el nuevo destino. Le verás achucharlo con felicidad al llegar a su cama.
A modo de resumen…
A menudo veo en consulta madres y padres inmersos en conceptos de disfrute que les lastran para vivir las vacaciones. Va a ser un fracaso proponernos ser una madre/padre heroína capaz de hacer lo que nadie hace, retarse a esfuerzos físicos, relegar el descanso priorizando sacar el máximo partido al día, exigirse y exigir al bebé adaptarse a nuevos horarios para poder hacer más planes… todo esto son fuentes de estrés, regañinas a los peques, frustración y conflictos de pareja casi asegurados.
No olvidemos que son vacaciones de verano en familia, esto es, momentos de compartir y conectar, crear complicidad y hacernos una piña.
En resumen, la clave está en reconocer y aceptar que las vacaciones han cambiado, hacia otros rumbos, también especiales e inolvidables.
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