“No entiendo lo que me pasa”: por qué la terapia puede ayudarte a encontrar sentido a lo que sientes

A veces sabes que algo se mueve dentro de ti, pero no encuentras las palabras.

Y comienzas a pensar “no entiendo lo que me pasa”.
Y al fondo de tu cabeza te dices “¿y si me quedo así para siempre?”.

Sin embargo, lo que sientes hoy no nace hoy.
Probablemente hubo momentos en los que necesitaste más atención, más comprensión, consuelo, protección, validación o incluso libertad… y no estuvieron del todo disponibles.


Aprendiste a protegerte: a desconectar, a no mirar demasiado hacia dentro, a mantener cierta distancia de lo que duele.

No has perdido el control.
No te has quedado “así”.

Estás, en realidad, intentando protegerte de la incomprensión… incluso de la tuya propia.

Por eso, más que evitar lo que sientes, necesitas comprenderlo:
darle un origen, un significado, una narrativa, una coherencia dentro de tu historia.

Y ese proceso no se hace en soledad.
Se construye en relación, creando un vínculo que sane y te demuestre que sí puedes.

Ahí es donde la psicoterapia cobra sentido: como un espacio donde poder entender, integrar y transformar lo que hoy te bloquea.

No porque haya “algo mal” en ti, sino porque necesitas un espacio donde poder entender qué te pasa, darle un significado dentro de tu historia y dejar de vivirlo en soledad.

La terapia no consiste en decirte lo que tienes que hacer.
Consiste en ayudarte a comprenderte, integrar lo que duele y transformar aquello que hoy te bloquea.

Soy psicóloga y acompaño a personas adultas en procesos de ansiedad, inseguridad, relaciones, autoestima y malestar emocional, tanto en Pozuelo como en terapia online.

A veces, empezar a entenderte cambia mucho más de lo que imaginabas.


Si sientes que ha llegado el momento de entender lo que te pasa y empezar a estar mejor, puedes escribirme a través del formulario. Estaré encantada de acompañarte.

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Entendiendo la Soledad No Deseada: Un Reto Actual

Cuando Marina entró a mi consulta por primera vez, tenía 32 años —trabajo estable, familia a dos horas en coche, gente alrededor cada día, practica deporte y a veces tiene citas con chicos— y sin embargo, dijo con voz baja: “Me siento sola aunque parezca increíble”. Miré sus manos enroscadas y apretadas, como si sostuvieran un silencio demasiado pesado. Esa frase —tan simple y tan profunda— resume algo que vemos cada vez con más frecuencia: esa soledad no deseada que no siempre es visible desde fuera, pero que se siente inmensa.

Ese dolor tiene nombres, cifras y consecuencias que la ciencia ya está empezando a visibilizar con contundencia. Y este 16 de diciembre, en el Día de la Soledad No Deseada, es un buen momento para hablar de ello con datos reales, respeto y esperanza.


¿Qué entendemos por soledad no deseada?

La soledad no deseada se define como la brecha entre las relaciones sociales que una persona tiene y las que desea. No tiene que ver simplemente con estar solo físicamente —muchas personas solas están en paz— sino con sentir que falta algo esencial en nuestras conexiones emocionales.


Prevalencia actual: un fenómeno común, no aislado

Los estudios más recientes muestran que la soledad no deseada no es marginal ni rara:

  • En España, alrededor del 23,3 % de los hombres y 29,7 % de las mujeres reportan sentir soledad no deseada, con mayor prevalencia entre jóvenes y adultos mayores, especialmente en clases sociales más desfavorecidas.
  • Datos de 2025 sugieren que casi el 40 % de los jóvenes menores de 30 años han vivido soledad no deseada en algún momento del año.

Estos números nos dicen que esta experiencia no es una rareza, sino un fenómeno social extendido y creciente que merece atención clínica y comunitaria.


Efectos en la salud: no es solo “sentirse mal”

La soledad no deseada no solo afecta el ánimo: tiene impacto real en el cuerpo y la mente. Las investigaciones más recientes y revisiones sistemáticas han encontrado que:

  • Está vinculada a mayor riesgo de depresión y ansiedad; cerca del 40 % de las personas que la experimentan también presentan síntomas de estos trastornos.
  • Hay evidencia robusta de que la soledad prolongada se asocia con peores estados de salud general, incluso incrementando el riesgo de mortalidad y enfermedades cardiovasculares.
  • La Organización Mundial de la Salud equipara el impacto de la soledad crónica en salud con factores como el sedentarismo o el tabaquismo, al aumentar riesgos de demencia, infarto o muerte prematura.

Como profesional de la salud mental, puedo afirmar que estos efectos no son abstractos: los vemos en la consulta día a día. Las quejas recurrentes de cansancio, tristeza persistente, dificultad para dormir o falta de motivación pueden ser una señal de desconexión emocional real.


Causas y factores relacionados

La soledad no deseada no surge de la nada. Sus raíces son complejas, entrelazando aspectos personales, sociales y estructurales:

  • Cambios vitales: pérdidas, cambios de rol, movilidad laboral y rupturas sociales intensifican la sensación de desconexión.
  • Desigualdades sociales: factores como posición socioeconómica, discriminación o falta de apoyo familiar incrementan la vulnerabilidad a experimentar soledad no deseada.
  • Redes afectivas insuficientes: el simple hecho de tener relaciones sociales no garantiza que estas satisfagan las necesidades emocionales profundas de una persona.

Además, la evidencia sugiere que la percepción de soledad importa tanto o más que el número de contactos sociales. Una persona puede estar rodeada de gente y sentirse sola profundamente si no encuentra conexión emocional en sus vínculos.


¿Qué podemos hacer como sociedad y como profesionales?

La ciencia también nos ofrece puntos a tratar para abordar las soledad no deseada:

  • Intervenciones comunitarias —como redes de apoyo vecinal o actividades intergeneracionales— han mostrado efectos moderados en la reducción de la sensación de soledad en personas mayores.
  • Terapia psicológica focalizada en habilidades interpersonales, regulación emocional y fortalecimiento de redes ha demostrado ser un enfoque valioso para quienes sufren soledad no deseada persistente.

No es exagerado decir que la soledad no deseada es un reto de salud pública, y requiere estrategias tanto individuales como comunitarias para abordarla eficazmente.

Este 16 de diciembre, el Día de la Soledad No Deseada, te invito —como profesional y como persona— a mirar estos ecos con respeto y curiosidad. Porque cada estadística es una vida con nombre propio, y cada historia merece ser escuchada sin prisa ni juicio.

«Estoy como el tiempo»

Avanza el mes de noviembre y se lleva por delante la luz y nos trae el frío.

Seguimos organizando agendas, compras, planes, trabajo y nos repetimos que este año no nos va a coger la tristeza y agotamiento de otros años, que esta vez seremos positivos y cumpliremos todos los tips para cuidarnos.

Otro otoño más. Sentada frente a la taza de café hablando a solas contigo misma:

“Estoy como el tiempo”

“No tengo energía, estaré deprimida?”

“No encuentro el sentido a nada”

Respira, te pasa lo de todos los años, porque el cambio de luz que se produce en otoño es una fuente de inestabilidad emocional para muchas personas y además es un rasgo hereditario que te cuento más abajo.

Tu nerviosismo y autoexigencia por encontrarte bien son una respuesta de supervivencia para controlar el malestar que sientes en esta época del año.

Es miedo a no estar bien, a no sentirte con fuerzas para emprender el día de trabajo o tus responsabilidades habituales.

Es temor a sentirte vulnerable y repetir la historia de cada otoño.

En terapia lo vemos una y otra vez, personas valientes, comprometidas, sensibles, agotadas cada cambio estacional por intentar ignorar su falta de energía y desesperanza interior. Exigirte estar bien no es el camino.

El trastorno afectivo estacional, es un síndrome diagnosticado clínicamente y se considera el extremo más grave de un espectro de estacionalidad. Clínicamente, se han descrito dos tipos de estacionalidad: uno caracterizado por un patrón invernal y otro por un patrón estival de alteración del estado de ánimo depresivo.

Existe una predisposición biológica a sentirse afectado en el estado de ánimo y el comportamiento a causa de los cambios estacionales.

Existe una tendencia a que estos cambios anímicos sean hereditarios, especialmente la estacionalidad invernal. Estos hallazgos respaldan los esfuerzos continuos para comprender el papel de la luz, la vitamina D, el aislamiento, la inactividad, y su causalidad en el estado depresivo que se vive en el trastorno afectivo estacional.

Por eso hoy te recuerdo que no tienes que llegar a todo, solo a ti.

Y si este otoño eliges mirarte mejor?

Muchas gracias por tu tiempo. Pasa un gran día.

Madden PAF , Heath AC , Rosenthal NE , Martin NG. Cambios estacionales en el estado de ánimo y el comportamiento : el papel de los factores genéticos . Arch Gen Psychiatry. 1996;53(1):47–55. doi:10.1001/archpsyc.1996.01830010049008

Celebrando el Día de la Madre: Un Día para Reflexionar y Honrar

En el calendario, el primer domingo de mayo marca una ocasión especial: el Día de la Madre. Es un día donde reconocemos y celebramos el inmenso amor, sacrificio y dedicación que nuestras madres entregan a lo largo de sus vidas. Sin embargo, para muchos, este día no es un motivo de celebración, sino una oportunidad para reflexionar sobre la complejidad de las relaciones maternas o bien para homenajear a quienes ya no están.

El Día de la Madre es un día de gratitud para quienes nos dieron la vida o bien para quienes ejercieron un papel de madres, nos cuidaron y nos guiaron en nuestros momentos vitales. Agradecer es de esos sentimientos que nos alargan la vida, pues contrarrestan el enfado, la melancolía o la envidia.

Sin embargo, quería sensibilizar y empatizar con otras realidades que acompaño en mis terapias, y es que éste día también trae consigo sentimientos complicados. Para aquellos que adolecen porque han perdido a sus madres o para quienes tienen relaciones difíciles con ellas, el Día de la Madre puede evocar tristeza, nostalgia o incluso un gran dolor. Es importante recordar que cada experiencia materno-infantil es única, y lamentablemente no todas están marcadas por el amor incondicional y el apoyo constante.

Imagen de Lin Tong en Pixabay

Recuerdo un caso entre muchos, suelen repetir algo como lo siguiente: «me siento horrible por contarte cosas sobre mi madre, por contarte lo que me hacía sentir y continúo sintiendo, porque quizás te puede parecer imposible viniendo de una madre»

Como psicóloga, con frecuencia trabajo dando apoyo psicológico a aquellos que encuentran este día desafiante, pues llevan dentro historias maternas traumáticas que no siempre son honorables. También trabajamos para quienes han perdido a sus madres, es fundamental permitirles sentir y atravesar el dolor de la pérdida. En lugar de ignorar o invalidar estos sentimientos, es vital buscar formas saludables de recordar a sus seres queridos, ya sea a través de rituales personales o compartiendo recuerdos con otros familiares.

El Día de la Madre, para quienes conviven con relaciones familiares difíciles, puede ser una oportunidad para reflexionar sobre estas dinámicas y buscar formas de sanar y establecer límites saludables. Esto puede implicar establecer comunicaciones claras, buscar apoyo terapéutico o simplemente tomar un tiempo para cuidarse y practicar el autocuidado.

Libro de Marta Segrelles, https://x.com/Fnac_ESP/status/1779868670002348090

En última instancia, el Día de la Madre nos recuerda la importancia de celebrar y honrar la diversidad de experiencias maternas. Ya sea que estemos celebrando el amor inquebrantable de una madre, recordando a aquellas que ya no están con nosotros o navegando relaciones complicadas o superando historias traumáticas, este día nos invita a reflexionar sobre el impacto profundo que las madres tienen en nuestras vidas y en nuestra propia identidad.

Claves para una relación de pareja sana

Almudena Lebrero, Psicóloga M22183, consulta online y Pozuelo de Alarcón.

Relaciones de pareja: lo que de verdad sostiene (y lo que no siempre vemos)

Las relaciones tienen algo muy profundo: nos sostienen.

Son ese lugar al que volvemos cuando algo fuera se tambalea.
Un espacio donde sentirnos vistos, acompañados, en calma.

Pero también —y esto es importante— pueden convertirse en un lugar de conflicto, de desgaste o de duda cuando algo no está funcionando bien.

Por eso, más que preguntarnos cómo tener una relación perfecta, quizá la pregunta más útil sea otra:

¿Qué hace que una relación sea sana de verdad?


¿Qué es una relación de pareja saludable?

No es una relación sin conflictos.
No es una relación en la que todo fluye siempre.

Una relación sana es aquella en la que, incluso en los momentos difíciles, hay respeto, seguridad y posibilidad de entendimiento.

Donde puedes ser tú, sin miedo constante a perder al otro.
Y donde el vínculo suma… más de lo que resta.


Claves reales para una relación de pareja sana

No son fórmulas mágicas. Pero sí puntos de apoyo importantes.

Te dejo 7 puntos clave:

1. Confianza y respeto

Sin esto, lo demás se resiente.

No se trata solo de no fallarse, sino de cómo se trata al otro en el día a día.
Especialmente en los momentos de tensión.

Porque es ahí donde se ve el tipo de vínculo que hay.

Una relación sana no es aquella en la que no hay conflictos,
sino aquella en la que no se pierde el respeto dentro del conflicto.

 

2. Conocerte antes de pedir

Muchas veces esperamos que la pareja nos dé algo que ni siquiera tenemos claro.

Necesidades, miedos, expectativas… todo eso influye más de lo que parece.

Preguntas que pueden ayudarte:

  • ¿Qué necesito realmente en una relación?

  • ¿Qué me da seguridad?

  • ¿Qué me activa o me genera miedo?

  • ¿Qué espero del otro… y es realista?

No todo lo que necesitas tiene que venir de la pareja.
Y entender esto cambia mucho las dinámicas.


3. Saber comunicarse (de verdad)

No es solo hablar. Es cómo hablas.

A veces el problema no es lo que dices, sino:

  • El momento

  • El tono

  • La forma

Comunicar bien implica poder expresar lo que sientes sin atacar,
y también saber escuchar sin defenderte constantemente.

Y esto no siempre sale solo. Se aprende.


4. Cuidar el vínculo (más allá de la rutina)

Las relaciones no se sostienen solo con convivencia.

Necesitan espacios compartidos que no estén ligados a obligaciones:

  • tiempo de calidad

  • momentos de conexión

  • experiencias compartidas

Volver a lo que un día os unió también es una forma de cuidar la relación.


5. Estar juntos… sin dejar de ser uno mismo

Una relación sana no absorbe.

Cada persona necesita su espacio, su identidad, su vida propia.

De hecho, cuando esto no existe, suelen aparecer:

  • dependencia emocional

  • sensación de ahogo

  • pérdida de identidad

Estar en pareja no debería implicar dejar de ser tú.


6. Expresar afecto (aunque cueste)

No todo el mundo expresa el cariño igual.

Pero el afecto necesita mostrarse.

A veces en forma de palabras.
Otras, en gestos pequeños.
O simplemente en presencia.

No se trata de hacerlo perfecto,
sino de que el otro pueda sentirlo.


7. Responsabilizarte de tu bienestar

Esto es clave y suele generar mucho conflicto:

Tu pareja no es responsable de tu estabilidad emocional.

Puede acompañarte, apoyarte, sostenerte…
pero no puede cubrirlo todo.

Cuando ponemos esa expectativa, la relación se carga de presión.

Y muchas veces, de frustración.


Problemas de pareja: preguntas frecuentes 

¿Es normal tener dudas en una relación?

Las dudas forman parte de los vínculos, sobre todo en momentos de cambio o desgaste.

La clave no es no tener dudas,
sino entender de dónde vienen.


¿Cuándo una relación empieza a no ser sana?

Cuando de forma mantenida aparecen:

  • falta de respeto

  • miedo a expresar lo que sientes

  • sensación de estar en segundo plano

  • desgaste emocional constante

No es un momento puntual. Es una dinámica.


¿Se pueden solucionar los problemas de pareja?

Depende.

Hay problemas que se pueden trabajar si ambas partes están motivadas al cambio.
Y otros problemas señalan que la relación ya no es un lugar seguro o saludable.

Saber diferenciar esto es importante.

Cuando aparecen dudas, es recomendable consultar con un psicólogo para que ayude a responder esta pregunta.


¿Cuándo acudir a terapia de pareja?

Cuando sentís que:

  • habláis pero no os entendéis

  • se repiten los mismos conflictos

  • hay distancia emocional

  • o ya no sabéis cómo reconectar

No hace falta estar “muy mal” para pedir ayuda.
A veces es justo lo que evita llegar ahí.


La terapia de pareja es un espacio para entender lo que pasa

La terapia no es para buscar culpables.

Es un espacio para:

  • entender dinámicas

  • identificar lo que está fallando

  • aprender a relacionarse de otra forma

Y, en algunos casos, también para tomar decisiones con más claridad.

Trabajo tanto online como en consulta en Pozuelo de Alarcón o en Alcorcón, acompañando procesos de pareja desde un enfoque cercano, profundo y adaptado a cada caso.


Para terminar quiero añadir…

Una relación no se sostiene solo con amor.

Se sostiene con conciencia, con cuidado y con responsabilidad emocional.

A veces, lo que más ayuda no es hacer más…
sino entender mejor lo que está pasando.

Y desde ahí, decidir cómo quieres relacionarte.

Contigo.
Y con el otro.


Tienes alguna duda? Puedes escribirme en el formulario:

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